• Hace cuatro años, el joven viajero hizo un alto en su ajetreada vida para replantearse el sentido de sus acciones. Crédito: Cedida
  • El proyecto tiene como propósito representar la diversidad y riqueza cultural de cada país del mundo. Crédito: Cedida
Un amante de los detalles simples de la vida. Así es este joven iquiqueño de 34 años, quien desde el 2012 se ha dedicado a recorrer el mundo capturando la actitud positiva de las personas, fotografías que luego difunde por sus redes sociales.

El apasionado fotógrafo, quien visitó la región para dictar charlas motivacionales en Coquimbo y Vicuña, ha recorrido 48 países en compañía de un muñeco de trapo que según cuenta representa el amor y la felicidad. “La leyenda dice que quien lo tome entre sus brazos tendrá un buen día, lo que motiva a la gente a retratar su sonrisa conmigo”.

Hace cuatro años, Roberto Corona hizo un alto en su ajetreada vida para replantearse el sentido de sus acciones, momento en el que se dio cuenta que “la verdadera riqueza está en la esencia del ser”, destacando que “la dinámica de retribución se basa en el amor, la felicidad y la paz. Muchas veces buscamos el bienestar fuera de nosotros, pero tenemos que buscarlo en nuestro interior”.  

-¿Cuándo surgió esta iniciativa?

-“Esta idea partió el año 2012 después de un quiebre en mi vida, cuando no me resultó un emprendimiento que comencé en Iquique en producción audiovisual y fotografía. Fue ahí cuando me di cuenta que hay cosas muchos más importantes en la vida y con eso apareció la libertad de poder hacer algo con sentido. Quise vivir una experiencia de crecimiento personal y comencé un viaje por el mundo”.

-¿Cuál fue el principal propósito de este recorrido?

-“Tiene como propósito representar la diversidad y riqueza cultural de cada país del mundo, encontrar en lo cotidiano una razón para la vida”.

-¿Cómo reacciona la gente cuanto te presentas como el coleccionador de sonrisas?

-“Muchas veces en mi ruta de viaje cuando me presento como el coleccionador de sonrisas me transformo en ese paparazzi que es testigo de los momentos simples de la vida. Busco momentos que me inspiran y eso lo retrato con mi cámara, y una vez que rescato esas emociones, me dirijo a entablar una conversación para contarle a la gente de mi proyecto, y es ahí donde nace la magia de compartir.

Han sido tres años de aprendizaje, donde a través de las historias de la gente he podido conectar con cosas que finalmente se transforman en enseñanza. En general, a la gente le interesa la idea de vivir con una actitud más positiva, y por este motivo yo me voy abriendo camino porque todo este recorrido lo he hecho a través de una dinámica de gratitud que es la que tienen las personas cuando se acercan a mí”.

-¿Cómo se financia el proyecto?

-“Hago talleres y charlas motivaciones. Además, registros de bodas internacionales y eso también me permite llegar a algunos lugares que ni siquiera en mis sueños más salvajes hubiera imaginado. La verdad es que cuando uno está en ruta de viaje, lo que uno pensaría que es carísimo, se empieza a desarrollar como un estilo de vida, quedándote con familias que te acogen donde los costos de comida y alojamiento desaparecen cuando hay una red de contactos que te apoyan. Al final se ha transformado en un viaje de gratitud que tiene que ver con una cadena interminable de conexiones y gente que está interesada en vibrar en una sintonía positiva”.

-¿Las reacciones ante este proyecto son distintas en cada país?

-“La experiencia es única en cada destino, porque muchas veces la gente está tan dispuesta a compartir su historia y sonreír, y otras veces existen muchos miedos. El verdadero desafío es vivir una vida en gratitud porque cuando te abres a la emoción de la gratitud desaparecen los miedos que te impiden avanzar. En muchos casos, la gente sin tener mucho abre el corazón para recibirte y entregarte más de lo que tienen. Uno aprende a valorar los pequeños regalos de la vida”.

Recuperar las Confianzas

-¿Le falta a los chilenos sonreír más?

-“El desafío es recuperar las confianzas y para eso necesitamos generar un ejercicio de desapego, de renunciar al resentimiento porque no nos hemos perdonado a nosotros mismos. Cuando nos abrimos a la emoción de dejar atrás ese sentimiento, nos estamos abriendo a la oportunidad de crecer como persona”.

-¿Qué opina tu familia de este estilo de vida?

-“La relación con mi familia se ha fortalecido porque cuando estaba en casa  siempre estaba ocupado con el trabajo y no los veía, pero estando de viaje, todo lo comparto con ellos y tenemos un espacio sagrado. Gracias a la comunicación instantánea podemos estar a miles de kilómetros de distancia y sentirnos muy cerca, eso me ha ayudado un montón a valorar el cariño de mis seres queridos”. 

 

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