• Tras los escándalos de la institución "hubo que redoblar los esfuerzos para seguir demostrando la calidad humana de los carabineros que trabajan con la gente", sostuvo el general Rolando Casanueva.
  • Luego de ser prefecto de Coquimbo asumió la jefatura de la IV Zona, en 2016.
  • "Tengo un arraigo muy fuerte con la región, porque uno se encariña muchísimo"
Crédito fotografía: 
Andrea Cantillanes
En octubre el exjefe de la IV Zona de Carabineros entregó el cargo tras una larga carrera policial. En entrevista con El Día realizó un balance de su gestión y recordó los hechos que marcaron su paso por la región, con la que asegura tener un fuerte vínculo, que hoy lo hace evaluar la idea de permanecer en la zona una vez que terminen sus seis meses de inamovilidad.

Tras más de 33 años de servicio en Carabineros de Chile, el general Rolando Casanueva puso su cargo como jefe de la IV Zona a disposición del Alto Mando de la Institución, acogiéndose de esta forma a retiro tras una intensa carrera policial, que lo trajo a la Región de Coquimbo, donde asegura haber generado fuertes lazos.

Luego de cumplir como prefecto de Coquimbo asumió la cabeza de la institución a nivel regional en 2016, debiendo enfrentar desde el primer minuto hechos difíciles, que lo pusieron a prueba como líder y como persona, asegura. En noviembre dos uniformados perdieron la vida en servicio, en uno de los casos policiales que se han transformado en emblema, y que aún produce “mucho dolor” para Casanueva, quien asegura que “nadie se espera asumir un cargo así con un hecho tan lamentable”.

Debió mantenerse firme y transmitir esa tranquilidad a sus oficiales, más aún cuando el escenario de Carabineros de Chile se tornó adverso, luego de diferentes escándalos a nivel nacional, hechos que en la región se condenaron categóricamente.

Con altos y bajos, trabajando además en distintos desastres naturales de la mano de autoridades de gobierno, y por supuesto, en los delitos, Casanueva asegura en entrevista con El Día que se va “teniendo la tranquilidad que el trabajo que desarrollé en la región tuvo un fruto, reflejado en el cariño de la gente y la forma en que ellos han interiorizado el aprecio hacia la institución de todas formas. Eso para mí es la mejor satisfacción, el deber cumplido y que los carabineros de la región tengan un posicionamiento importante, que permite que la gente se sienta más segura”.

Si revisa su labor desde que ingresó a Carabineros hasta hoy, con su retiro ¿Qué es lo que más rescata?

“Es un cumulo de experiencias, me crié en el seno de Carabineros, ya que mi padre también fue uniformado, llegó al grado de general y esa enseñanza me permitió conocer a la institución de una forma distinta y lo importante de conocer a los uniformados desde su esencia, porque los mejores amigos de mi padre fueron carabineros. Uno tiene que mantener ese respeto, cariño y amistad, porque trabajamos codo a codo y ellos deben sentir el apoyo de su mando permanentemente, a medida que iba ascendiendo fui conociendo un Cúmulo de experiencias que cada uno demostraba en conversaciones, en trabajo conjunto y que me permitieron ir creciendo, como persona, como uniformado y como oficial”.

¿Cómo sirvió eso en su rol como jefe de zona?

“Uno va volcando esa experiencia en los mismos carabineros y la mejor forma es acompañándolos permanentemente, preguntando como están, sabiendo que hay procedimientos importantes, que no se sientan solos, cuando un carabinero se siente solo, siente que falta algo y es como el cariño del padre hacia el hijo, uno siente que el padre tiene que estar ahí para sentirse protegido y en Carabineros es igual. Se necesita que el oficial esté al lado de ellos acompañándolos, orientándolos y dándole la energía, porque el sacrificio es muy grande”.

DOS MÁRTIRES EMBLEMA

Asumió debiendo enfrentar la muerte de dos de sus carabineros…

“Nadie se espera, recién asumido en el cargo, tener que sufrir una muerte así. Son personas que conocía, ya que antes de ser general fui dos años prefecto y coronel en Coquimbo, a Hans Knopke lo conocía muy bien, se destacaba entre sus compañeros, era un motorista todoterreno, con un familia preciosa. Luis Díaz era un chico siempre bien vestido, siempre caballero, con corte de pelo espectacular y una presentación óptima. Son de esas personas que uno dice ‘por qué a ellos’, ojalá que no fuera ninguno, pero cuando uno ve que alguien entrega tanto y después fallece, se pregunta por qué no tuvieron una segunda oportunidad”.

¿Con qué se queda de ese proceso?

“Uno no puede dejar de recordarlos, porque ellos son el ejemplo vivo de lo que es el ser carabinero, es algo que me va a acompañar siempre, el corazón siempre se ha partido en miles de trozos, y uno de esos son ellos dos, pero quedo con la satisfacción de que luchamos con todas las herramientas legales para poder revertir el primer juicio y después conseguir una condena ejemplificadora, que nos da tranquilidad como carabineros, como familia y como sociedad, porque la gente de esta región necesitaba un nuevo juicio, necesitaban tranquilidad y eso se logra sabiendo que el delincuente se encuentra detenido, con una pena alta, y eso nos permite mirar al frente nuevamente, seguir dirigiendo a la gente con la confianza que ellos deben tener en su general”.

CRISIS EN CARABINEROS

El escenario a nivel nacional fue adverso, por los escándalos que se destaparon, hechos a los que ya se ha referido en muchas oportunidades. ¿Cómo reaccionó cuando supo de estos casos?

“Sentí rabia, impotencia y dolor, porque a algunos de ellos los conocía y saber que aprovecharon su condición de oficiales y administradores de recursos para obtener un beneficio personal, es terrible. No solo daña a la sociedad, daña también a la institución, porque si bien es plata del Estado, los mismos carabineros se vieron afectados. Uno no puede considerar a ese personal como carabineros, fueron una lacra que afectó enormemente el prestigio de la institución, de cada uno de los uniformados que están en la calle, luchando y trabajando, hemos visto como les pegan en las protestas, y ese carabinero necesita ser valorado y respetado. Cuando ocurren estas situaciones duele muchísimo”.

¿Cómo se trabajó para no perder la confianza?

“Hubo que redoblar los esfuerzos para seguir demostrando la calidad humana de los carabineros que trabajan con la gente, porque lo fundamental es demostrar que el funcionario que está en la calle permanentemente no tenía nada que ver con estos delincuentes”.

¿Se vieron perjudicados en la región?

“Para nada, al contrario, creo que trabajando permanentemente y demostrando que somos necesarios, nunca fuimos cuestionados. La gente de a poco empezó a dividir las aguas y saber quiénes son los delincuentes que estaban involucrados y los que no”.

¿Pero no se generalizó esa desconfianza?

“Lo dijo nuestro general director, somos los mismos carabineros quienes nos pusimos a disposición del tribunal, estamos investigando con la Fiscalía todas las aristas que se puedan establecer para determinar las responsabilidades que correspondan a cada uno de ellos y en ese sentido la gente de a poco se ha dado cuenta de que nosotros no amparamos ni cuidamos a delincuentes”.

NUEVO JEFE DE ZONA

Ahora la labor recaerá en otro carabinero. A su sucesor, el general Marcelo Araya, lo conoce bien…

“Es un buen oficial, lo conozco desde chico, cuando tenía 10 años de edad, sé muy bien cómo es como persona y le deseo el mayor de los éxitos, creo que así va a ser, para seguir proyectando a Carabineros dentro de la región como corresponde”.

¿Pudieron reunirse?

“Aún no, él estaba trabajando en la embajada de Chile en Perú. Tengo su teléfono y tenemos un grado de comunicación, pero directamente no nos hemos visto”.

¿Cuál sería la recomendación para él?

“La línea conductual la dará el general director. Yo solamente, por el grado de amistad que le tengo, le deseo el mayor de los éxitos y que sepa que en esta región la gente es maravillosa”.

EL FUTURO DE CASANUEVA

¿Seguirá en la región?

“Es un proceso de conversación, de análisis familiar. Tengo un arraigo muy fuerte con la región, porque uno se encariña muchísimo, sobre todo después de cuatro años viviendo y trabajando acá. Nadie puede negar que ha sido de grandes eventos climatológicos, que han afectado enormemente a la gente, con aluviones, lluvias, terremotos, tsunamis y marejadas en el borde costero, fue un cúmulo de situaciones que me ha tocado vivir al mando de Carabineros, que uno no puede dejar de querer, encariñarse y enamorarse, hay que ver si uno se puede quedar acá, pero son cosas que hay que analizar con tranquilidad y calma, buscando las mejores opciones y por qué no decirlo, seguir enamorándose”.

¿Algún lugar en especial?

“Una de las cosas que he hecho es incorporarme a una comunidad que me encantó, que es la comunidad de Carén, de la cual soy partícipe, por la importancia que tuvo dentro de la Guerra de la Independencia y por el cariño que ha demostrado la gente hacia Carabineros, por qué no estar presente, son parte de los arraigos que uno va teniendo”. 6301i

Dar la vida si fuese necesario.

Una frase muy repetida, pero no por eso menos cierta es el ideal de “dar la vida” en servicio, en caso de que sea necesario para cumplir el objetivo. El general Rolando Casanueva asegura que ha cumplido ese juramento a cabalidad. En 1989, en el marco de una manifestación sufrió graves lesiones, “me partieron la cara, estuve internado en la UCI y en la UTI, tuve dos operaciones en las que me sacaron restos de cristales en los ojos, incluso me falta un pedazo de córnea del ojo izquierdo”, detalla.

También ha sido testigo de la entrega por el deber. No solo en esta región debió enfrentar la muerte de los funcionarios bajo su mando, en Santiago vio morir a un cabo, un hecho “muy doloroso y tenía que contener al resto, fue muy complicado, además sentir que el servicio nunca termina, porque ellos nunca volvieron”, dijo.

¿Cómo se logró sobreponer?

“Hay algo importante, uno ingresa a la institución porque hay una vocación y amor solidario hacia las personas y la sociedad. Cuando uno entra sabe que debe rendir la vida si fuese necesario, ese juramento lo vivimos diariamente y cuando lo sufrimos nos produce rabia, pero mucho valor, que nos permite seguir valorando lo que estamos haciendo, para darle tranquilidad a la gente (…) alguien tiene que hacerlo y los que hemos abrazado una institución tan hermosa como es Carabineros, lo hacemos con gusto, con sacrificios, dolores y penas, pero con gusto, porque el cariño, un abrazo y una sonrisa son tan fuertes como una medalla o condecoración”.

 

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